
El pasado 15 de Mayo dos activistas de Igualdad Animal se descolgaron por la fachada de la Plaza de Toros de Las Ventas y desplegaron unas pancartas pidiendo la abolición de esta cruel tradición. Pocos días antes, seis integrantes de Equanimal saltaron a la arena reivindicando también el fin de la tortura y la muerte como método de entretenimiento y negocio. No han sido los primeros actos a tal fin ni serán los últimos. La toma de conciencia por parte de los ciudadanos ante hechos de maltrato animal es una realidad creciente y afortunadamente, son cada vez más los medios de comunicación que anteponen el carácter social y de denuncia en sus informaciones, a los intereses de grupúsculos obcecados en que nada cambie con tal de no ver menguados sus beneficios egoístas, sean palpables o inmateriales.
Hasta hace relativamente pocos años los casos de daño a los animales no eran castigados y ni tan siquiera divulgados; hoy en día, las asociaciones que luchan contra esto ven aumentar su número de afiliados y simpatizantes y hay algunos que empiezan a temblar porque el abandono, las palizas, las peleas, la explotación, la crueldad y demás formas de sometimiento salvaje a los animales están dejando de ser actuaciones impunes. La Ley, lamentablemente siempre a la zaga de la realidad, se adapta lentamente a los deseos y necesidades de una cultura en la que ya va dejando de ser válido que unos cuantos sojuzguen y sometan al resto porque la legislación les confiere inmunidad en sus desmanes. Sin embargo, es lesivo comprobar la parsimonia con que esto ocurre; duele que para que endurezcan La Ley contra el maltrato animal, sea necesario que primero asistamos a casos como el del individuo que mata a palos a su perro, el que acaba con la vida de gatos para orgulloso colgar las fotos con sus trofeos en internet, que haya toros del aguardiente, de fuego, ensogados o alanceados, que tengamos que saber de noticias de perros mutilados en peleas, otros quemados o que les hayan aserrado las patas, escenas de animales de laboratorio con los ojos cosidos, metidos vivos en tubos, con implantes en sus cráneos abiertos o desollados vivos para la industria peletera.
Uno de estos activistas de Igualdad Animal, colgado a dieciocho metros de altura, jugándose la integridad por defender a otros seres que jamás le van a dar las gracias y sin mayor compensación que ser fiel a lo que su conciencia y sus sentimientos le dictan, fue objeto de un intento de asesinato por parte de un aficionado taurino que trató de soltar la cuerda desde la que suspendía para que cayese al vacío. No me extraña ni un poco la actitud de este individuo con instintos homicidas, pues son numerosos los casos de personas que antes de elegir víctimas humanas desataron su violencia contra animales y que nadie se escandalice, la realidad incuestionable es que este ciudadano, amante de las corridas, al que llena de gozo ver como durante veinte minutos se le causan tremendas heridas a un animal y se le mata después de un modo espantoso, intentó acabar con la vida de un ser humano y hay fotografías que así lo demuestran. Tal vez considere a ambos, activista y astado, merecedores de ser exterminados, el primero porque perjudica sus intereses y el segundo porque le sirve de diversión; en cualquier caso, con su intento de matar a un hombre, no ha hecho más que corroborar como en esta Sociedad se sigue permitiendo y aún a veces fomentando la actitud de seres cuya conducta, asilvestrada, bestial, pancista y energúmena, es una lacra para poder considerarnos un Pueblo civilizado y respetuoso con los derechos.
¿Serán capaces los Poderes establecidos de escuchar las demandas de la mayoría y de actuar en consecuencia, o tendrán que pasar varios lustros para acabar con tanta barbarie?. Ojalá tengamos el valor de enseñar a nuestros hijos que ejemplos como los de estos activistas, son la simiente de transformaciones sociales como las que un día permitieron acabar con la esclavitud, la explotación infantil, la negación del voto de la mujer o la legalidad de las peleas de perros. La gran mayoría de los españoles detesta que en este País se torture y se mate a los toros, como tampoco admite que haya quién esté dispuesto a asesinar a un hombre porque éste defienda y reivindique de forma pacífica la abolición de la tauromaquia. Y jamás puede ser un argumento para justificar su tentativa de homicidio el que no sea legal descolgarse por la fachada de la Plaza; tampoco lo eran muchos actos espontáneos realizados para condenar el vertido del Prestige por ejemplo o pidiendo el fin de cualquier modo de violencia o injusticia y sin embargo, la mayor parte de la gente, sabe discernir entre el tono de un acto pensado para denunciar y llamar la atención sobre determinada cuestión y la gravedad de ésta; pararse en la forma y no en la esencia de la protesta, es negar que el avance en los derechos no sólo del hombre, sinó también de su entorno, nunca ha sido una tarea fácil y que siempre ha habido individuos reaccionarios dispuestos incluso a matar por no perder sus privilegios obtenidos a costa del perjuicio de otros.
Poema a la Fiesta Nacional:
Dobla sus patas exangüe,
abate su astada cabeza,
se derrama en el suelo su sangre,
se convierte en hálito su fuerza
y su bramido se vuelve silencio.
Su mirada, se extravía en la Nada,
intenta respirar,
pero el dolor le viene a ahogar
en un último temblor.
Tendido sobre la arena
le va abandonando la vida
por cada suerte,
por cada herida,
llevándose su postrer aliento,
y va penetrando la muerte,
poseyendo cada entraña,
tejiendo cual araña
una mortaja sobre el negro cuerpo.
A su lado,
embriagado de sangre ajena,
triunfante sobre la arena
alza sus brazos victorioso,
exaltado y orgulloso
por tan sublime faena
el eterno vencedor;
aclamado por su proeza
hará leyenda su valor.
El muerto, será despedazado
y acáso su cabeza
sea el trofeo admirado
de algún lujoso salón.
Es la Fiesta Nacional:
La Parca vestida de luces
hundiendo con bizarría
su estoque en el animal,
arte, arrojo y maestría
y la bestia cayendo de bruces
en el instante final.
El verdugo sale a hombros
entre aplausos y ovaciones
haciendo su nombre historia.
El toro sale arrastrado,
su cadáver lacerado
es ajeno a tanta gloria.
Las aclamaciones para el torero,
para la víctima el silencio,
para el astado el cuchillo,
para el maestro el dinero,
y la muchedumbre exultante y feliz,
el ser inferior volvió a doblegar su cerviz
ante el dueño del acero.
Oid los motivos de la horda:
“dicen que no sufre
en el ardor de la batalla…”,
cuando habla la crueldad
la razón se calla -.
“Aseguran que es tradición,
la lucha en su esencia más pura…”,
el crimen convertido en cultura,
la brutalidad hecha institución -.
Y aún se proclaman defensores
los expertos criadores
mejorando día a día la raza,
siniestros cuidados y atenciones,
ha de estar en perfectas condiciones
para ser inmolado en la plaza -.
No les conmueve la pena
cuando yace sobre la arena
el toro herido de muerte.
Sólo una mente aberrante
puede disfrutar con la tortura.
Sé que al fin, ha de llegar el día
en el que no haya muerto ni matador,
triunfarán entonces la bondad y la ternura
sobre el culto a la agonía y el dolor.
(Del periodista, escritor, animalista y un gran ser humano: Julio Ortega Fraile)
Quiero unirme y apoyar a los amigos José Valle y Tomás Eugenio, que estuvieron a punto de perder la vida a manos de unos criminales taurófilos que sólo pueden ser compadecidos por su extrema enfermedad mental de querer asesinar a animales nobles y a quienes se interpongan en su criminal camino. Y que desde luego no nos pararán a los antitaurinos en nuestro trabajo dedicado a vida o muerte hasta conseguir la tan deseada abolición de la tauromaquia por la mayoria del pueblo español.

igualdadanimal.org/La bohemia

Archivado bajo: ~Animales, ~Mis artículos misceláneos












































