Canarias,
no hay tierra como tu tierra,
ni gente como la tuya!!


Yo no quiero más bandera
Que la de nuestra libertad,
La canariedad simbolizando,
Encendiendo la solidaridad.
Yo quiero verla siempre volando
En las crestas de nuestras cumbres,
Sobre las esculturas de nuestros roques,
En los riscos de nuestros barrancos
Y en la melenas verdes de los pinares.
Quiero verla navegar en nuestro mar,
Pintada con el azul de nuestro cielo,
Con el rayo dorado de nuestro sol
Y el blanco de nuestros rompientes.
Rematada con sietes estrellas verdes
Alumbrando nuestro vibrante mar.
Yo no quiero más bandera
Que la de nuestra libertad,
La canariedad simbolizando,
Encendiendo la solidaridad.
Quiero los colores de nuestra bandera
Bailando al ritmo de viento alisio
Sobre alas de palmeras y dragos.
En los corazones de los canarios
Amantes de su tierra, su libertad,
La solidaridad y la paz.
Yo no quiero más bandera
Que la de nuestra libertad,
La canariedad simbolizando
Encendiendo la solidaridad.
(Félix Martinez Arencibia)
HIMNO OFICIAL CANARIO (clica y escúchalo)
HIMNO NACIONAL CANARIO POR TABURIENTE (clica y escúchalo)
En este apartado voy a relatar a modo de capítulos la historia de Canarias desde los comienzos del descubrimiento de las Islas y de sus aborígenes LOS GUANCHES.
Toda la narración que aquí expongo son notas y recopilaciones que he ido acumulando a lo largo de mucho tiempo, y he de aclarar que en la historia de las Islas Canarias no todo está claro y existen muchas lagunas, pués realmente no se sabe con exactitud total de donde provenían aquellos extraños seres rubios de ojos azules y de unos 2 metros de altura.
Las Islas Canarias eran conocidas por los fenicios y los cartagineses. Sín embargo en las fuentes fenicias no se habla de los aborígenes de las islas, si no es para afirmar que los descubridores cometieron toda clase de atrocidades contra los primitivos guanches.
Los navegantes cartagineses conocían las más diversas razas humanas: gentes de Próximo Oriente, camitas, griegos, celtas, antiguos íberos y gran número de razas negras; por consiguiente no debieron de sorprenderse mucho al encontrar a un pueblo rubio, de ojos azules, habitantes de las cavernas y viviendo todavía en la Edad de Piedra. Es imposible aún, y curioso que no se pueda reconstruir cuándo y quién redescubrió a los canarios. Se dice que los árabes, los portugueses, los españoles y los genoveses. Pero nada está claro. Parece ser que en 1335 llegó a Lisboa un barco con prisioneros guanches. Dicen que en el año 1341 llegaron dos naves fletadas por el rey de Portugal y con tripulación florentina, genovesa y española, alcanzando las islas en el mes de junio bajo el mando del genovés Niccoloso da Recco y del florentino Angiolino del Teggihia de Corbizzi, permaneciendo en las islas durante cinco meses. Al regresar a Portugal, el propio Boccaccio tomó la pluma para escribir y dibujar un retrato de los guanches, basándose en los datos que por carta le había dado da Recco. Según Boccaccio, las Islas Canarias eran tierras rocosas sín ninguna clase de cultivo, pero ricas en cabras y otros animales y llenas de hombres y mujeres desnudos, algunos parecían gobernar a los demás y se vestían con pieles de cabras teñidas con azafrán y tintes rojos, cosidas cuidadosamente con hilos de tripas de animal. Por sus ademanes, parece ser que tenían un soberano, al que mostraban gran respeto y obediencia. Su lenguaje era muy suave, su modo de hablar animado y precipitado. Cuatro de ellos fueron apresados, y son los que llegaron a Lisboa.
Boccaccio planteó el problema que más tarde todos estudiaron a los guanches. ¿Cómo era posible que allí, en las Islas Canarias hubiera al lado de los trogloditas, unas gentes de cultura evidentemente superior, que vivían en casitas con jardines con muchas higueras y palmeras, berzas y otras verduras? Pero éstos guanches más civilizados de las islas orientales también iban desnudos, salvo un pequeño taparrabos. Estos sí cultivaban el trigo y el millo, vivían en ciudades y poblados, tenían reyes, sacerdotes y una casta noble. Adoraban una divinidad femenina y embalsamaban ceremoniosamente a sus muertos, (de ahí la creencia dudosa de que provenían de Egipto, pués el sistema de momificar era idéntica a la de los egipcios).
Ambos grupos de guanches, los más salvajes y los más civilizados, eran rubios de ojos azules y de estatura muy alta, como los individuos de la más pura raza germánica. Existe la teoría de que posiblemente fueran vikingos con linaje escandinavo ya que antes de la conquista de España, hubo una fuerte relación con Europa, y escritores de la Antigua Grecia y Roma tienen testigos de viajes por mar desde el Mediterráneo pasando por el Atlántico hasta las Islas Canarias.
Si el origen prehistórico de las Islas Canarias, es un misterio (aunque se dice que fueron emergidas de los fondos del mar), también son sus originarios habitantes y su lenguaje, que según los historiadores españoles, cada isla tenía su propia tribu y hablaban diferentes dialectos. Todas las islas fueron habitadas por los guanches, aunque con diferentes escalas sociales. El término guanche sigue siendo actualmente un desconcierto para historiadores y etnógrafos.
También parece ser que la extinguida lengua guanche tenía semejanza a la lengua de los bereberes nómadas del Norte de Africa. Y en algunas historias no concretas, apuntan que tenía similitud a la de los vikingos escandinavos.
Los guanches eran muy altos, medían entre 1.80 y 2 metros, eran los de Fuerteventura los más altos. Esqueletos preservados en algunos museos canarios, muestran que tenían unos huesos inmensos y gruesos, lo que indica que poseían una gran fuerza. Cuando morían, lavaban el cuerpo, y lo rellenaban con ungüentos de plantas y minerales, cuya receta se desconoce. Exponían el cuerpo al sol durante varias semanas hasta que quedaba seco, mientras se le velaba en duelo durante todo ese tiempo. Luego metían la momia en pieles pintadas y marcadas para permitir identificar al muerto, cosiendo las pieles con hilos de tripas de animal, formando con ellas una especie de bolsa. Luego lo colocaban en el interior de la cueva que servía de sepultura de la familia, siempre separado del suelo con maderas a modo de tablones. Junto al muerto se ponían como ofrendas, adornos de collares hechos de cuentas de barro y colmillos de cerdos, gánigos de barro, conchas de lapas, lanzas. Si se trataba de un Mencey (Rey), lo ponían con su añepa (cetro real que simbolizaba el poder soberano).
Los guanches eran personas tan fuertes y tan ágiles que cruzaban peligrosos barrancos a base de saltos. Y a pesar de su carencia de armas modernas, soportaron largos combates con los invasores, siendo los conquistadores españoles a los que les costó casi un siglo dominar la dura resistencia que ofrecían.
Se dice que al final de la lucha los guanches no perdieron sus fuerzas ante los invasores, simplemente preferían suicidarse desde las más altas montañas antes que caer rendidos ante los conquistadores. Las batallas fueron muy sangrientas y abusaron cruelmente del pueblo guanche, incluídos niños y mujeres.
En los años siguientes, las Islas Canarias fueron el lugar preferido donde los navegantes de distintas naciones fueron a cazarlos como esclavos. No se podía encontrar en ningún otro lugar gente tan hermosa, agraciada y con mente tan estupenda como esos isleños. Se cazaban a rubios desnudos de ojos azules y muy altos, y se vendían a los mercaderes y grandes señores del norte de Africa que los querían comprar, (de ahí la creencia errónea ó no, de que los guanches provenían del norte africano).
Eso duró hasta que en 1402, el noble normando Bethencourt concibió la “humanitaria y genial” idea de colonizar las Islas Canarias con emigrantes franceses y domesticar a los guanches, vestirlos y convertirlos al cristianimo. Y lo logró, en efecto, aunque teniendo que emplear medidas radicales con los habitantes de la Isla de Lanzarote. Pero los guanches de las demás islas no se mostraron dispuestos a trocar su paradisíaca desnudez por la civilización de Bethencourt, lo que dió lugar a sangrientas luchas.
Los grupos de guanches primitivos vivían en comunidad matriarcal, se alimentaban de raíces y leche de cabra y, como armas, empleaban piedras y picas de madera aguzadas; esos trogloditas trpaban por las montañas con la misma facilidad que las cabras y eran tan buenos corredores que podían cazar una liebre en carrera. Pero la mayor parte de los guanches de las islas mayores de Gran Canaria y Tenerife estaban organizados en diferentes estados; al frente de cada estado guanche había un rey, al que asistía un senado elegido entre los guanches nobles: Un sacerdote cuidaba del culto del dios supremo invisible y de la diosa de la fecundidad, mediaba en procesos legales y dirigía los combates rituales, que entusiasmaban a los guanches. Los indígenas no conocían los metales; tampoco poseían embarcaciones y no podían trasladarse de una isla a otra. Ese fue el motivo de que cada isla tuviese una lengua propia y acabara por no comprender la de las demás. Parece que un día que un español preguntó a varios guanches de la Gran Canaria de dónde procedían, éstos le contestaron: “Dios nos puso en estas islas, nos dejó aquí y luego se olvidó de nosotros”. Más tarde se descubrieron en las islas Canarias restos de una antigua cultura megalítica, dibujos rupestres y gran número de inscripciones que no han podido ser descifradas. Pero al llegar aquella época, el destino de los guanches estaba ya fijado. El señor de Bethencourt había abandonado su empresa colonizadora y las Canarias pasaron a manos de los españoles. Pero como aquel extraño pueblo insular se resistía a todo intento de civilización, las tropas españolas de los siglos XV y XVI tuvieron que luchar interminablemente con él hasta su desaparición. El valor que demostraron los guanches en las luchas desesperadas sorprendió incluso a los militares españoles más bregados: en el año 1483, el rey del estado guanche de Telde puso en fuga a los españoles de la Gran Canaria; en Tenerife, unos trogloditas desnudos vencieron, en 1494, a ochocientos soldados bien armados y no se les pudo reducir hasta que se mandó allí una gran escuadra que luchó durante todo un año; y en otras islas, los guanches vencidos se precipitaban desde lo alto de las rocas sagradas para no verse reducidos a cautiverio. Cuando los últimos guanches libres ya habían desaparecido y el resto de la población, después de bautizada, se hubo mezclado con los españoles inmigrados, los normandos y los norteafricanos hasta formar un pueblo mestizo todavía bastante rubio y de tez clara, los etnólogos empezaron a dirigir la mirada a las islas Canarias. Pero ya era tarde, porque de la cultura guanche sólo quedaban muy pocos restos y de la lengua guanche únicamente unos setecientos nombres geográficos y otras trescientas expresiones. De pronto, a los ojos de la ciencia, este pueblo misterioso fue considerado “una raza de valientes y pacíficos pastores, de costumbres moderadas y puras”, según explica una descripción hecha en el siglo XIX, “modelo de honradez, lealtad, pundonor, moderación y formalidad”, y “trabajadores, compasivos con los ancianos y sumamente hospitalarios”. Con lo cual uno se pregunta: ¿por qué los conquistadores europeos se empeñaron en aniquilar tan extraordinarias virtudes para sustituirlas por su código de costumbres? A mediados del siglo XIX aparecieron los primeros especialistas e intentaron desentrañar el secreto de los guanches.
En 1845, el francés Sabin Berthelot recogió todos los vocablos que se conservaban todavía de la lengua guanche, estudió la raza de sangre mestiza de guanche de los insulares y expuso la opinión de que había habido allí dos razas distintas de hombres: un primitivo pueblo aborigen que vivía en las cavernas y otro pueblo de cultura más avanzada que más tarde se superpuso a aquél, pero que cayó también en un absoluto primitivismo. Alexander von Humboldt creía que los guanches eran una raza emparentada con los europeos, que “desde tiempos muy remotos habitaba en las islas Canarias”. El inglés James Cowles Prichard, uno de los etnólogos más destacados de mediados del siglo XIX, fue más explícito aún. Prichard era además un psiquiatra, que, como comisario de los manicomios londinenses, analizó agudamente las distintas formas de enfermedades mentales, y escribió precisamente en aquella época una Historia natural del hombre, intentando clasificar a la humanidad no sólo desde el punto de vista del color de la piel, sino teniendo en cuenta las múltiples características físicas dentro de los diversos grupos raciales. Y naturalmente había de interesarle un pueblo que a pesar de haber habitado unas islas del norte de Africa, había sido rubio y de ojos azules como los pueblo germánicos y había vivido en las cavernas como los hombres de la época glacial, cuyos escasos restos acaban de ser descubiertos. La hipótesis que formuló Prichard, era, por lo que hoy sabemos, extraordinariamente justa: Prichard estableció un parentesco entre los guanches y los antiguos bereberes del norte de Africa, también rubios y de ojos azules, y, por lo tanto, también con los antiguos iberos de la España prehistórica y los vascos de los Pirineos occidentales; calificó a estos pueblos de “razas atlánticas”. Esta hipótesis fue aceptada unánimemente por todo el mundo científico. En épocas prehistóricas, unos parientes cultos de los bereberes se embarcaron y, desde el norte de Africa, pasaron a las islas Canarias; “un pueblo muy dotado -según nos dice Oscar Peschel-, que tuvo, en otro tiempo, formas de vida muy elevadas”, pero que en las islas Canarias, debido a su aislamiento, decayó paulatinamente al estado de los pueblos salvajes”. Los guanches conservaron algunos restos de la antigua cultura “como petrificados en el estado de salvajismo ulterior.
Pero Prichard y sus adeptos no dejaron de tener quien les replicara. En el año 1873, Franz von Löer, polígrafo y patriota alemán, visitó las islas Canarias por encargo del rey de Baviera Luis II. Su entusiasmo nacionalista queda atestiguado por su obra más importante, que lleva por título de Des deutschen Volkes Bedeutung in der Weltgeschichte “La importancia del pueblo alemán en la historia universal”), aunque se hizo famoso por otros escritos como Ajuste de cuentas con Francia y Estrangulación de la nacionalidad alemana en Hungría. Este hombre miró a los valientes guanches rubios con ojos muy distintos a como los habían mirado los fríos y rigurosos investigadores Berthelot, Humboldt y Prichard. Löher venía del mundo wagneriano de la corte del rey de Baviera y, naturalmente, no pudo sustraerse a la tentación de establecer comparaciones entre las epopeyas de los guanches y la de los germanos. Así fue como se le ocurrió lanzar la audaz y sensacional teoría de que los aborígenes de las islas Canarias habían sido de origen germano. Según Löer, en tiempo de Cartago vivía en las islas Canarias un pueblo bereber que fue aniquilado en gran parte por los cartagineses. En el año 492 d. J.C., el pueblo gemano de los vándalos inundó los países norteafricanos, conquistó Cartago, infligió varias derrotas a los ejércitos y flotas romanas y, finalmente, entre los años 533 y 534 fue vencido por el general romano oriental Belisario y obligado a la asimilación. Pero una gran parte de estos vándalos, declaró Löer, se escaparon del ejército de Belisario y huyeron hacia el sur de Marruecos, donde se transformaron en “bereberes rubios”. Y los más valientes se refugiaron en las islas Canarias e impusieron allí su sello a los aborígenes que encontraron. La manera de vivir y de vestir de los guanches, su organización política y legal, son, en opinión de Löer, de origen vándalo, así como su cabello rubio, sus ojos azules, su valor y la lealtad del misterioso pueblo canario. “Hasta la conquista por los españoles -escribió Löer-, los vándalos permanecieron en las islas Canarias completamente aislados; retrocedieron en su nivel de cultura, al perder el uso de los metales, la construcción de embarcaciones y otras cosas por el estilo. Su lengua se anquilosó y su cristianismo se deformó.” Löer llegó incluso a explicar el nombre de “guanches” por un transformación de wandches, es decir, “vándalos”. Esta teoría está llena de lagunas. En la lengua de los guanches no hay palabras germánicas; en cambio, hay expresiones que recuerdan la lengua de los bereberes. Las construcciones, los sepulcros de momias, los monumentos megalíticos, los cultivos de azadón y los signos de escritura que se han encontrado en las islas Canarias no guardan relación con el centro de Europa, sino con el norte de Africa. Y sobre todo, los restos de edificios, los esqueletos hallados en antiguas capas de tierra y algunos pasajes en las obras de los autores grecorromanos revelan que, ya mucho antes de la invasión de los bárbaros (probablemente ya en el tercer milenio antes de Jesucristo), había guanches en las islas Canarias. No obstante, la tesis del origen germano de los guanches se continúa discutiendo con tal tenacidad incluso en obras que pasan por ser serias, que puede decirse que se trata de un verdadero fanatismo dogmático. Cuando por razones histórico-cronológicas hubo que descartar a los vándalos, los godos y otros pueblos que formaban parte de la invasión de los bárbaros, el prehistoriador germanista Gustav Kossinna lanzó la hipótesis de una “gran ola de pueblos nórdicos” que, según él, había inundado el norte de Africa en el tercer milenio antes de Jesucristo, y que había sembrado de gente rubia las islas Canarias, hipótesis que fue luego recogida por numerosos racistas a pesar de que no existe el menor indicio de esta invasión prehistórica de gentes nórdicas. Y, sin embargo, la solución del misterio es mucho más sencilla y mucho más interesante y sugestiva qu todas las teorías gemanísticas que se han tejido desde Löer hasta Kossinna. En el año 1925, Ernest A. Hooton, uno de los más eminentes antropólogos de América, publicó un estudio bajo el título The ancient inhabitants of the Canary Islands; al mismo tiempo, dedicaron su atención al problema de los guanches el antropólogo alemán Eugen Fischer y otros varios prehistoriadores y etnólogos. Se examinaron momias conservadas y se midieron sus cráneos. “Se trata -escribe Fischer- de rostros de ángulo facial muy abierto, pómulos prominentes y base de la nariz algo hundida, de tipos de huesos bastos y de gran estatura, que se distinguen perfectamente de las razas mediterráneas.” Pero los cráneos de los guanches se distinguen también de los dolicocefálicos germanos. Sólo hubo una raza humana que tuviera la misma estructura de cráneo y de huesos de los primitivos habitantes de Canarias y esta raza el la de Crô-Magnon del último período glacial. En realidad los guanches son descendientes del hombre de Crô-Magnon que, desde el punto de vista antropológico, se conservaron casi intactos hasta la época histórica. Gracias a un minucioso trabajo de reconstrucción, los prehistoriadores han podido precisar cómo fueron a parar a las islas Canarias. La raza Crô-Magnon del tercer período glacial, creadora de las pinturas rupestres y de otras obras de arte de la época neolítica del sur de Europa, se trasladó, en las postrimerías del período glacial, a otros ámbitos: al norte de Europa, a Asia y, por el estrecho de Bering a América; se transformó, creó nuevos pueblos y nuevas razas y se constituyó en fuente de la cual arrancan muchos pueblos blancos y atezados. Hubo, en cambio, otros grupos que fluyeron de España a Africa. Y estos cromañonenses africanos conservaron sus primitivas características y, en el paleolítico superior y luego en el neolítico, crearon una cultura muy particular en tierras africanas, la “cultura capsiense”. Muelas y piedras de afilar, hachas transversales, anillos de piedra y cepos sepulcrales, puntas de flecha de piedra, huellas de primitiva agricultura e indicios de vida trashumante nos revelan de qué modo vivían en aquella época los hombres capsienses cromañonenses del norte de Africa. Construían monumentos megalíticos, adoraban divinidades femeninas y desarrollaron una sociedad matriarcal. Hijos legítimos de la cultura capsiense fueron los primitivos saharianos, los antiguos libios, los bereberes, los hombres de cabello rubio, ojos azules y rostro casi cuadrado. Los canarios descienden de estos norteafricanos cromañonenses, que llevaron la cultura capsiense a las islas, aunque no le dieron ulterior desarrollo, sino que, a causa de su largo aislamiento, descendieron otra vez al nivel de cultura de los trogloditas, que en otro tiempo habían superado, después de su emigración al terminarse el período glacial europeo. El hecho de que los guanches tengan el cabello rubio y los ojos azules confirma la opinión de los prehistoriadores de que también el hombre de Crô-Magnon del periodo glacial era rubio y tenía los ojos azules. Individuos rubios los hay no sólo entre los europeos y los bereberes, sino también en muchos pueblos asiáticos e incluso entre los polinesios y los indios. Gran parte de los cromañonenses perdieron esta característica en el curso de sus largas migraciones, que dieron lugar a mezclas con otras razas oscuras. En cambio, en la rama nórdica de los indoeuropeos estos rasgos siguieron siendo predominnantes; lo mismo ocurrió entre los guanches incomunicados con el resto del mundo “como si Dios los hubiese olvidado”. Si todavía se conservan los aborígenes canarios, la ciencia podría estudiar sobre el terreno el aspecto que tendrían los descendientes de los hombres del período glacial que vivieron el la época del paleolítico superior, observar sus cultos, sus costumbres y las formas de sociedad que desarrollaron. El asesinato racial llevado a cabo contra los guanches sólo tiene un parejo en la historia de la humanidad: la brutal aniquilación de los tasmanos del sur de Australia, pueblo que vivía aún en el grado de cultura del hombre del Neandertal. Y parece una amarga ironía del destino que, al mismo tiempo que Prichard, Humboldt y otros sabios expresaban su profundo sentimiento por la destrucción de los guanches, se cazara todavía a los tasmanos como si fueran animales salvajes y se les deportara a las islas desiertas para que allí murieran de hambre. Todo lo que ha quedado del valiente, misterioso y cien veces discutido pueblo de los guanches, son unos cuantos dibujos descoloridos realizados sobre ardientes rocas, signos misteriosos e indescifrables, unas pocas momias envueltas en piel de cabra y cráneos tipo Crô-Magnon de tosca textura. De vez en vez se descubre todavía un rostro canario, cuadrado y huesudo, que nos mira con los ojos azules bajo una frente coronada de mechones rubios. Y algunos habitantes de las islas Canarias viven hoy como en tiempos remotos, dentro de cavernas y en poblados completamente trogloditas, en forma parecida a como vivían aquellos hombres que el noble normando Bethencourt halló al desembarcar allí.
En los últimos años el desarrollo de la investigación arqueológica ha ido aportando la suficiente información sobre la población prehispánica de las Islas como para ir desbancando a las crónicas o a los mitos como principales fuentes históricas para conocer este período. Abordar la prehistoria de Canarias significa conocer tanto el origen de la población prehispánica como las características de su asentamiento y adaptación al medio natural que conforma el espacio geográfico de las distintas islas. Actualmente consideramos que la población aborigen canaria tuvo su origen entre los pueblos bereberes del Norte de África que se van desplazando hacia el sur movidos por dos tipos de circunstancias:
- En primer lugar, el progresivo proceso de desertización norteafricano que empuja a los pueblos del sur de la cordillera del Atlas a buscar nuevas tierras de cultivo y pastos para sus ganados.
- En segundo lugar, los restos humanos y de hábitat más antiguos hallados por los arqueólogos en las Islas, se corresponden con un período comprendido entre los siglos I antes de Cristo y I después de Cristo, lo que lleva a los historiadores a pensar en la expansión del «limes» o frontera del Imperio Romano en el Norte de África hacia la cordillera del Atlas sahariano y el rechazo por parte de algunos sectores de la población de la zona a integrarse en dicho Imperio, como causa del desplazamiento de estos pueblos por la costa atlántica norteafricana y su posterior paso a las distintas islas del Archipiélago Canario, pretendiendo encontrar en ellas los medios de vida y sustento que no hallaban en su lugar de origen.
Probablemente, el poblamiento de las Islas se realizaría en diferentes oleadas migratorias, aportando cada una de ellas grupos de pobladores que, con un mismo origen, conformarían diferentes estratos culturales. El bagaje cultural que cada uno de estos grupos de población trae consigo desde África por un lado, junto a la necesidad de generar medios que les permitan adaptarse a las características del nuevo espacio geográfico que presenta cada una de las islas en las que recalan, por otro, van a conformar distintas formas de vida, de organización social y de aprovechamiento de los recursos económicos de los que puedan disponer. De esta forma, los asentamientos aborígenes se producirán, en general, junto a fuentes y manantiales que les aseguren el abastecimiento constante de agua. Dichos asentamientos tomarán la forma de poblados constituidos por edificaciones con una primitiva estructura arquitectónica (por lo general, de planta circular, paredes de piedra y techo vegetal), aunque también nos encontraremos, sobre todo en lugares altos y de difícil relieve, con un hábitat en cuevas tanto naturales como excavadas. La economía practicada por estos pueblos variará de una isla a otra en función de las posibilidades del medio. Así, la de La Palma y Fuerteventura será esencialmente ganadera, la de Gran Canaria fundamentalmente agrícola y, combinando indistintamente la agricultura y el pastoreo, la de Tenerife, La Gomera, El Hierro y Lanzarote. Es pues una economía muy básica, y dirigida al autoconsumo de cada grupo humano, desarrollada con unos medios muy rudimentarios y sujeta de forma constante a las inclemencias climáticas u otros condicionamientos naturales (sequía, agotamiento y limitaciones del suelo agrícola y de pastos, etc.). La cultura material, por otro lado, será muy rudimentaria, siendo la piedra, el barro, la piel de los animales o la madera las principales materias primas.
En lo que a organización social se refiere, en general, nos encontramos con sociedades más o menos complejas, divididas en estratos o grupos sociales, que se distinguen entre sí por su diferente nivel de riqueza y grado de apropiación de los medios de producción (fundamentalmente la tierra y el ganado). Así pues, constatamos la existencia de una nobleza aborigen tanto en Gran Canaria como en Tenerife, erigida en grupo social dominante, junto a los sectores mayoritarios de la población compuesta por grupos económicamente dependientes de los poseedores de los recursos económicos. En general, parece que existieron formas de jerarquización política según estructuras o formas de gobierno basadas en la monarquía (menceyes en Tenerife, guanartemes en Gran Canaria, o distintos jefes de tribu en las islas más pequeñas). Dichos monarcas ejercen su poder sobre una parte de la isla o bien sobre una isla entera. Así, nos encontraremos un solo jefe de tribu para toda la isla de Lanzarote y lo mismo en El Hierro; Fuerteventura aparecerá dividida en dos reinos, La Gomera en cuatro, La Palma en doce, Gran Canaria en dos y Tenerife en nueve demarcaciones territoriales. Junto a estos monarcas o jefes de tribu estarán los nobles de cada reino, conformando castas privilegiadas tanto a nivel político como religioso, que suelen asesorar a su jefe y, a veces, en determinadas circunstancias, participar en la toma de decisiones de gobierno. En general, la religión de estos pueblos se basaba en el culto a elementos naturales, principalmente al Sol, que favorecían o perjudicaban las condiciones de vida. Poder político y religioso van siempre íntimamente unidos a toda la población (jefes o monarcas incluidos) en disposición de acatar los designios divinos para obtener el favor permanente de los dioses y no provocar su ira atrayendo la desgracia (hambre, enfermedades, etc.) sobre la población. Este va a ser el panorama que se van a encontrar los exploradores, navegantes y conquistadores europeos que a partir de la Baja Edad Media llegan a las costas canarias iniciándose un proceso histórico que culminará con la colonización del Archipiélago por el reino de Castilla a finales del siglo XV después de haber sido asesinados muchos, otros vendidos como esclavos a Africa y Europa, concretamente a España, sobre todo niños y niñas, y muchos que se suicidaron antes que rendirse a unas gentes que desconocían y que se mostraban muy violentos, al contrario de ellos, que eran un pueblo pacífico y bonachón.
CARTA DE UN GUANCHE A CUALQUIER ESPAÑOL O ESPAÑOLISTA:
Si me viste con la cara inclinada,
no es que mirase mis píes sólamente,
sino, que lloraba a mi Diosa Tara,Tanit, humillada
no por los remiendos que llevo, sino
por la opresión que sufro.
Mi piel quebrada no se quiebra por el frío,
se quiebra por la fatiga y sangra por las ranuras
como la tierra se abre para llorar su humillación.
Mi piel está cubierta por bronceado y puro metal cósmico
y es sostén de mi pueblo.
No es que guardo mi pelo debajo de mi guapilete guanche
porque sí, sino que lo guardo para que mi cerebro no se resfríe
como se les resfrío a tus amigos españolistas y luego
no saben que hacer de su vida.
Mi estirpe de Guanche seguirá siendo gigante en la historia.
Si me conociste y no pudiste estar conmigo, es porque
te avergüenzas de mi raza y sólo cuando sirvo para
inspirar tus nostalgias, sirvo para que te vuelvas poeta.
Aunque me sigas por el mundo, nunca encontrarás
a este Guanche altivo y orgulloso de su pasado grandioso.
Mi paso y mi mirada jamás están perdidos, miro el horizonte
de triunfadores, doy el paso seguro a la gloria de mis
antepasados, porque sí ¡soy Guanche!.
El Guanche sólo es dueño de la Patria, sin embargo
la robaron los conquistadores y ¡Cómo la han administrado!.
No han sabido manejar a este pueblo ¡Gran Diosa!.
No es que el Guanche sueñe con el mañana, sino muestra
a tu gente el recuerdo de su futuro pasado, que tú no lo
puedes descifrar, porque ignoras demasiado.
Sí hoy me ves con la cabeza agachada, no es que
siempre mis xercos remendados estén así, sino
imploro a la Diosa Chaxiraxi, que perdone a tu gente
que llevó a la ruina a mi patria y a mi gente.
El gigante dormido va a despertar para aplastar
a los gusanos que se comen nuestro pan.
Mi espalda no tiene arrugas, porque no está
acostumbrada a lociones, mi espalda es la
palanca del desarrollo de este pueblo.
No puedes hablar conmigo ¡no!, porque no sabes
mi idioma, tampoco entender, lo que yo pienso y quiero,
ya que ni los científicos pueden descifrar
nuestra escritura y pensamiento.
Que está escrito en la puerta del Sol, menos tú.
Mi mano curtida, sólo toca a aquel que viene
en son de amistad, con aquel que trabaja para el progreso
de mi pueblo y mi patria, no con aquel que se vanagloria
de nuestra tristeza y nuestra humillación.
Mi pueblo nunca ha muerto de hambre, ni ha buscado
en basureros, son algunos de nuestros hermanos
que engañados por los “patrones” fueron despedidos a la calle.
No sólo soy hijo de Canarias, soy el Ser Nacional.
Seré victima de la miseria, no porque yo quiera,
sino porque estoy oprimido, no soy libre de lo que quiera hacer,
sino porque no me permiten aplicar mi ley,
imiker, amkerkas, amendul
Sí esta ley no entiendes aquí va la traducción
“no seas ladrón, no seas vago, y no seas mentiroso”.
Cuántas veces me has mirado y cuantas veces te he mirado,
pero, tus miradas las hacías quizás, recordando como tus abuelos,
a mis antepasados han ultrajado.
No quisiste darme la mano, porque quizá pensaste que al Guanche,
tachaste de mentiroso o cualquier cosa, como alguna vez hasta un
dignatario de Estado dijo que no prospera Canarias
porque en Canarias hay muchos canarios y son analfabetos.
Mis manos han sostenido con su obra esta Patria, han
defendido esta Patria de sus enemigos naturales.
mi cuerpo ha sudado sangre en los bancales para
arañar la tierra y sacar divisas que otros como buitres
se las han comido y despilfarrado, ¡Qué pena!
Mi miseria es obra de tu gente ¡Que pena!.
Mi ignorancia no es fortuita, lo es por obra
de aquella mala gente ¡Que pena!.
Mi hambre es culpa de la opresión que sufrimos ¡Que pena!.
A aquel que cree que me levanta la cara, o aquel a quien
le pongo el Tamarco y le entrego la Añepa de mando
no puede levantar mi cara porque no le interesa mi cara.
Eso sí, soy tan fuerte y orgulloso de mi raza que
no necesito que alguien me compadezca, ni necesito
intermediario que me esquilme.
Que bueno me dices… eres un canario y la Patria
necesita de tu hombría… para dejar tus miserias.
Si yo tuviese el mando de esta sociedad, la condujera
con mis leyes cósmicas. Y no necesitaría de mis opresores.
Los menceyatos, mi pueblo, mi patria no conoció hambre
ni miseria, todos tenían su lugar y no sufrían humillaciones.
Hoy Canarias sufre hambre y miseria.
Mi raza es la heredera de aquella organización del
Tagoror milenario, de la tierra conjunta. Del trabajo
conjunto y de la ayuda conjunta y la felicidad conjunta.
que adora a la Diosa Sol y a la Diosa-Madre Tara.
Su pasado glorioso y su testigo Magek inigualables.
El Guanche no necesita intermediarios ladrones y explotadores.
La patria del Guanche, del Canario, está latente.
Vive en cada corazón Guanche. Su alma y su espíritu están presentes.
Si quieres estar unido con el Guanche, piensa como él,
siente como él, sigue sus pasos y no quieras ser guía,
déjate guiar. Porque él no es vago, ni mentiroso, ni ladrón.
Si quieres tienes mi mano, tienes mi idioma, yo te lo doy
Te guiaré por los caminos del progreso, porque sólo un Guanche
es el que librará de la opresión a su hermano de raza,
está dicho. Porque sólo el Guanche es resplandor,
el ave fénix del resurgimiento de este pueblo oprimido
El Guanche es el artífice del resurgimiento de Canarias.
(Adaptación de un poema de Juan Condori Uruchi, por Guaire Adarguma)
(de canariastelecom.com)

Fotos: Toni Armas

Mi poema a la playa de Las Canteras ENTRA AQUI Y LEELO
PASODOBLE CANARIO E IMAGENES DE GRAN CANARIA (clica y deléitate con este video)





















































